Centro Argentino de Arte Cerámico

 

Celebrando los 60 años de nuestra Institución esto nos decían los Lic. Alicia Romero y Marcelo Gimenez, en el texto del Catálogo del CMA en ocación del Salón Anual Internacional 2018

 

Configurado en 1958 por un conjunto de creadores de heterogénea procedencia, el Centro Argentino de Arte Cerámico celebra este año su sexagésimo aniversario.

Cuando una alianza perdura seis décadas suele festejarse evocando la dureza del diamante, mineral etimológicamente “inalterable” e “invencible”. Pero quizás dichas propiedades no describen con justicia la voluntad y ductilidad que esta institución ha demostrado durante su trayecto histórico. Sería quizás más apropiado señalar su tenacidad para contrarrestar las ingentes vicisitudes planteadas por ciertas políticas que desestiman el rol de las artes en la vida de una nación, o que desechan la importancia de aquellas que, como las cerámicas, han sido y son prioritarias e identitarias. El CAAC nació declarando “la necesidad viva de aunar voluntades para luchar por el logro de los ideales de esta antigua artesanía”. Y en el curso de su existencia ha logrado comprometerse con el empeño por la excelencia de esos haceres cuya ética pretende, en palabras de Richard Sennet, “hacer las cosas bien, sin más”.

Si en el mismo año de su formación ―y en cumplimiento de uno de sus objetivos— el Centro organiza el Primer Salón Anual de Arte Cerámico en el Honorable Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires, hoy su quincuagésima novena edición muestra la coherencia de una tarea desempeñada en virtud de diversos enlaces entre componentes estéticos, sociales, antropológicos, económicos… y entre múltiples orientaciones ―artísticas, artesanales e industriales― que han transitado sus actores.

El legado producido por los ceramistas argentinos a través del Salón del CAAC comprende un patrimonio colectivo material e inmaterial. El tiempo le fue dando la forma de bienes y derechos y también de tributos y obligaciones a los que debemos responder entre todos, desde la consistencia y la fragilidad que, con sabiduría, conciertan las artes del fuego.

 

Nuestro texto sobre la historia está en actualización, por ahora podés leer el texto inicial.

 

Según registra la Crónica del Centro Argentino de Arte Cerámico elaborada por el Prof. Ernesto De Carli a cuarenta años de su creación (1998), el documento más antiguo conservado en el CAAC —un fragmentado Libro de Actas— registra el 12 de mayo de 1958 una reunión en la que Aída Carballo, Ana Mercedes Burnichón, José María Lanús, Marciano Longarini, Roberto Obarrio y Leo Tavella deciden, entre otros asuntos, considerar la posibilidad de crear un Centro que agrupe a los artistas ceramistas y un Salón Nacional de Cerámica, con el objeto de "elevar el nivel artístico de la cerámica".

Elaborados y discutidos los estatutos del Centro propuesto, tras varias reuniones y luego de acciones diversas, un mes después, el 13 de junio de ese año se efectuó, en Asamblea Extraordinaria, una Declaración de Principios, se leyeron y aprobaron los Estatutos, se eligió un Consejo Directivo y, entonces, quedó constituido el CAAC por un número de artistas que se sumaron al emprendimiento liderado por los mencionados. Así, la Declaración nos recuerda que el Centro fue creado recogiendo un sentimiento de muchos: "la necesidad viva de aunar voluntades para luchar por el logro de los ideales de esta antigua artesanía".

Muy prontamente el Centro ejercerá su tarea en busca de un lugar para establecer su sede y, con ella, un Museo de la Cerámica. Entre el 1º y el 18 de diciembre de ese año logró implementar el Primer Salón Anual de Arte Cerámico en el Honorable Concejo Deliberante. Tras este evento inaugural —que en 2009 ha cumplido su quincuagésima edición—, en su medio siglo de trayectoria el Centro ha organizado muestras diversas y certámenes varios, algunos de los cuales continúan hasta la actualidad: el Salón de Otoño —hoy rebautizado Salón de Nuevos Artistas con una historia que ya cuenta una treintena de ediciones—, el Salón de Pequeño Formato —con más de una veintena de ediciones—, incluso un Salón Internacional cuya primera muestra tuvo lugar en 1962. Es a expensas de sus gestiones que la cerámica de nuestro país cuenta, desde 1976, con un Salón Nacional de Cerámica, el que, en 2000, fue integrado en paridad con otras disciplinas artísticas al Salón Nacional de Artes Visuales, aquel que otorga el Gran Premio de Honor "Presidente de la Nación Argentina", la más alta distinción oficial a los artistas de nuestro país. Asimismo, por la labor del CAAC, Argentina se ha visto representada con excelencia en diversas Exposiciones Internacionales de Cerámica, comenzando por la acontecida en Ostende en 1959 hasta la Ceramic Millenium Arts and Resources Fair de Amsterdam.

En la certera comprensión del lugar que la práctica cerámica ha ocupado en cada momento, el CAAC ha ido acrecentando sus intereses hacia otras facetas del quehacer más allá de las referidas al específicamente artístico. De allí su preocupación por las diversas modalidades en que nuestra cultura se ha manifestado: los Salones tempranamente dedicados a cerámica funcional y popular son prueba de ello. En su decurso, ha realizado muestras en el interior del país y fuera de nuestras fronteras: Mar del Plata desde 1959 y Río de Janeiro en 1961 fueron los primeros destinos escogidos para mostrar las producciones de los socios del CAAC; luego le seguirían Rosario, Mendoza, Olavarría, Pergamino, Bariloche, Comodoro y finalmente la itinerancia por todo el interior del país y, en el extranjero, ciudades como México, Copenhague, Roma, Faenza, Valencia, Vallauris, Praga o Washington. Inscripto en su región, el Centro ha sabido asumir una posición solidaria para con naciones hermanas en momentos difíciles, como registra la Exposición-Feria en beneficio de Chile organizada en 1960; filiándose a los acontecimientos relevantes de nuestra historia, ese mismo año atestiguó una Exposición en conmemoración del 150º aniversario de la Revolución de Mayo.

Desde su inicio y en trayectoria, el Centro Argentino de Arte Cerámico, ha sostenido el deseo basal de convocar, reunir, ligar, poner en diálogo y mantener el vínculo entre todos aquellos que, a nivel nacional, se reconocen en el orgullo de mantener vivo un hacer fundante de la humanidad. Y, a sabiendas o no, rememora el consejo del poeta: "Júzguese el arte de un país, júzguese la agudeza de su sensibilidad a través de su alfarería: ése es un criterio confiable" (Herbert Read, 1931).